EL MUNDO DE CRISTINA

“El mundo de Cristina” es una obra creada por el pintor americano Andrew Wyeth, en la cual representa a una mujer real, Cristina Olson,  de mediana edad que sufría un deterioro muscular de nacimiento que paralizó la parte inferior de su cuerpo.

Esta pintura ha inspirado escenas de grandes películas, como Tideland o Oblivion, y novelas como 2001: Una odisea del espacio. En  una de las escenas de Forrest Gump hay una clara alusión a este cuadro, en la que el personaje de Jenny tira piedras a su casa de la infancia.

Jenny, personaje del que se enamora el protagonista de este filme, como se puede observar en la primera imagen, tiene la misma postura que Cristina delante de una cabaña vieja y deteriorada, clara referencia a esta pintura del pintor americano.

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Estos dos personajes tumbados con las palmas de las manos apoyadas en la tierra muestran su tristeza y desesperación, por parte de Jenny porque en esa misma cabaña, cuando era pequeña, su padre le acosaba sexualmente y Cristina debido a que trata de desplazarse con gran dificultad arrastrándose, debido a su enfermedad.

En cuanto a esta pintura, está dividida por un eje vertical que corta a este triste personaje por la mitad. Este eje lo conforman Cristina y el granero, del lado izquierdo y la cabaña y sus otras construcciones, mas unas líneas que simulan un camino, por el lado derecho. La línea del horizonte contrastada con el color azul que respeta el cielo, subraya un eje horizontal que divide al cuadro en partes iguales, enfatizando la lejanía de este horizonte en relación con la protagonista de este cuadro. Pero el eje más importante es un tercero, compuesto por la relación entre los dos centros de interés, Cristina y la cabaña. Un eje diagonal que cruza la pintura establecido por la postura oblicua en la que se encuentra ella y a la dirección de su mirada hacia la cabaña que se encuentra al fondo del paisaje.

La melancólica y detallada escena, ejecutada con gran sensibilidad y maestría en estas dos obras, nos enfrenta directamente con una triste y frecuente realidad, la del sufrimiento de nuestro prójimo y nuestra escasa sensibilidad hacia ellos.

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EL MUNDO DE OFELIA

Guillermo del Toro nos muestra en “El laberinto del fauno” una sensibilidad artística que crea la textura de esta película dando a luz diversas referencias al arte pictórico, mitología y relatos de cuentos de fantasía, con lo objetivo de visibilizar y analizar las referencias iconográficas.

El estudio del objeto de interpretación, establecido por Panofsky como análisis preiconográfico, como introducción sería la descripción de este filme basado en el año 1944, época franquista, en el que Ofelia va a vivir con su madre embarazada al lugar donde reside su padrastro fascista, padre de su nuevo hermano. A lo largo de esta película se vinculan dos realidades paralelas: la fantástica creada por la joven protagonista y la cruda realidad entre la lucha de republicanos y los ganadores fascistas, creándose así un cronotopo entre dos realidades totalmente distintas.

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Una de estas referencias iconográficas es que Ofelia nos recuerda a “Alicia en el País de las Maravillas” y también a Bastián y Atreyu, los protagonistas de “La Historia interminable”  (uno en el plano real y el otro en el fantástico-leído). La iconología de estas referencias es debido a que a la primera va pasando pruebas, por ejemplo el episodio del sapo gigante, en el que además, como se puede observar en las imágenes,  lleva un vestido idéntico a la iconografía de Alicia, segundo es porque ella es a la vez la lectora de cuentos de hadas (como Bastian) y protagonista de uno como (Atreyu), la princesa de un mundo cuya escenografía final nos recuerda a la adaptación cinematográfica de ese libro, en concreto las imágenes de los reyes (sus padres) sentados en los tronos.

La rebelión de Ofelia en contra de las instrucciones del fauno cuando llevada por su principio de placer come dos uvas, nos lleva a una variación del Pecado Original Bíblico. Esta referencia iconológica es debido a que el fauno le explicó que no podía comer nada de la mesa debido a que está custodiado por el monstruo pálido y aun así ella lo hizo, haciendo referencia a Adán y Eva que comieron del fruto prohibido  provocando su expulsión del Paraíso, al igual que Ofelia, por incumplir las reglas no volverá a su reino mágico.

En esta misma escena aparece otra de las identificaciones de imágenes, historias y alegorías explicadas por Erwin Panofsky nos encontramos con la clara relación entre el hombre pálido con los ojos en las manos y la pintura negra de Goya “Saturno devorando a un hijo”. En cuanto a significación de la iconología de esta correlación se puede ver en las imágenes que parecen a continuación, en el que la criatura pálida que es monstruoso, sin dejar de ser antropomórfico, atrapa y se come las hadas voladoras; esto está inspirado en “la pintura negra” de Saturno comiéndose a su hijo de Francisco Goya de la misma forma en la que la hace este grotesco personaje.

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Todas estas referencias  hechas por Del Toro se filtran por medio de este cuento de hadas gótico y fantasía de horror que le da vida este laborioso y profundo guion. Podemos sugerir aquí una analogía, tomando lo que aprendemos de la teoría psicoanalítica, entre los residuos diurnos y cómo se combinan y fusionan para crear la tela de los sueños.